Desde hace más de 30 años, la artesana textil Graciela de Carrizo dedica su vida al bordado de mantos marianos como una profunda expresión de fe, agradecimiento y devoción a la Virgen del Valle. Su historia, íntimamente ligada a la espiritualidad, fue recientemente destacada tras una entrevista realizada por la Casa de Catamarca en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
El encuentro se desarrolló en su taller ubicado en el barrio Mil Viviendas de la ciudad Capital y fue encabezado por Adolfo Quiroga, responsable del área de Difusión Provincial. Allí, Graciela compartió su camino personal y espiritual, que comenzó en 1995 luego de cumplir una promesa: caminar desde la antigua Ermita de Valle Viejo, primer hogar colonial de la Virgen, hasta la Catedral Basílica, en agradecimiento por la curación milagrosa de una grave dolencia.
A partir de ese momento, decidió consagrar su vida al bordado religioso. Desde entonces, confeccionó más de 500 mantos destinados a distintas advocaciones de la Virgen María en todo el país, consolidándose como una referente del arte sacro catamarqueño. Entre sus obras más destacadas se encuentra el manto de la Virgen del Valle que se exhibe en la Casa de Catamarca en CABA, así como el que viste la imagen mariana ubicada en el ingreso de la capilla de la Casa Rosada.
Además, su trabajo trascendió las fronteras nacionales: los mantos de la imagen de la Virgen del Valle entregada al papa León XIV, con motivo del inicio de su pontificado, fueron elaborados íntegramente en su taller, conocido como “Taller de María”.
Graciela de Carrizo se define como una “bordadora espiritual”, convencida de que la Virgen guía cada una de sus puntadas. Desde la Casa de Catamarca destacaron el valor cultural, religioso y simbólico de su obra, agradeciendo su generosidad y el profundo compromiso con la identidad y la fe del pueblo catamarqueño.







