La morosidad en los créditos a familias trepó en enero a su nivel más alto en más de dos décadas, según un informe de la Consultora 1816. El estudio advierte que el porcentaje de préstamos con atrasos superiores a 90 días llegó al 10,6%, frente al 9,3% registrado en diciembre. Se trata del decimoquinto mes consecutivo de incremento en la irregularidad, reflejo de un deterioro sostenido en la capacidad de pago de los hogares.
El informe subraya que el fenómeno es generalizado: las 25 entidades financieras más grandes del país reportaron un aumento en la mora, lo que evidencia que el problema responde a factores macroeconómicos más que a decisiones particulares de los bancos.
Más allá del sistema bancario
La situación es aún más crítica en los préstamos otorgados por entidades no financieras, donde la mora supera el 27%. Estos créditos suelen concentrarse en segmentos con tasas más altas y condiciones más flexibles, lo que incrementa la fragilidad de los deudores. En febrero, la tasa efectiva anual real promedio de los préstamos personales alcanzó el 40% en bancos, mientras que en prestamistas no financieros rondó el 150% real, según el análisis.
Factores que explican el deterioro
La combinación de salarios presionados por la inflación, el peso creciente de la deuda y el elevado costo del financiamiento explica el aumento de la mora. Muchos créditos personales tienen plazos de alrededor de 2,5 años y cuotas fijas definidas en contextos económicos muy distintos, lo que agrava las dificultades de pago incluso en escenarios de desaceleración inflacionaria.
Un indicador del impacto de la crisis
El crecimiento de la morosidad se consolida como uno de los indicadores más claros del impacto de la crisis económica en los hogares. Con niveles máximos en más de 20 años, el sistema financiero observa con atención la evolución del crédito y del ingreso disponible, variables clave para determinar si la tendencia se profundizará o logrará estabilizarse en los próximos meses.







