La pérdida de visión por cataratas
es una condición que alcanza a la enorme mayoría de las personas con el paso de los años. Según la OMS, afectan a más de 94 millones de personas en el mundo y representan la principal causa de ceguera evitable. Se trata de la opacificación y endurecimiento del cristalino —el lente natural del ojo—, un proceso lento que suele pasar desapercibido en sus etapas iniciales.
Señales de alerta principales
- Visión borrosa, nublada o con colores apagados.
- Dificultad para ver de noche o con poca luz.
- Encaprichamiento o deslumbramiento frente a luces (como faros de autos).
- Aparición de halos alrededor de los focos de luz.
- Necesidad de cambiar frecuentemente la receta de los anteojos.

Intervención rápida y tipos de lentes
A diferencia del pasado, hoy no se aconseja esperar a que la catarata «madure». La cirugía dura entre 15 y 20 minutos, requiere una incisión mínima y permite retomar la rutina normal en 24 horas. Durante el procedimiento se reemplaza el cristalino por un lente intraocular:
- Monofocales: Corrigen la visión de lejos (requieren uso de anteojos para lectura).
- Multifocales: Permiten ver con claridad a diferentes distancias y reducen la dependencia de anteojos.
- Tóricos: Diseñados para corregir el astigmatismo.
Los especialistas enfatizan la importancia de realizar controles oftalmológicos anuales para detectar a tiempo la afección y evitar un deterioro progresivo en la calidad de vida.







