La cadena de panaderías Pandanés cesó sus operaciones tras declararse en quiebra, cerrando de forma definitiva sus 25 sucursales y dejando sin empleo a cerca de 150 personas. La notificación tomó por sorpresa a los trabajadores, quienes recibieron un mensaje de texto de madrugada donde se les informaba que no debían presentarse a trabajar. Al asistir a las distintas sucursales, se encontraron con las puertas cerradas y las cerraduras modificadas, lo que les impidió retirar sus pertenencias.
La firma acumulaba un pasivo superior a los $1.200 millones e ingresó en concurso preventivo a fines de 2025. Desde la administración argumentaron que la combinación de recesión, inflación y el incremento generalizado de los costos operativos derivó en una caída del consumo cercana al 50% respecto de sus promedios históricos.
Los damnificados expresaron que la comunicación careció de formalidad legal y denunciaron irregularidades en la liquidación de obligaciones, señalando el incumplimiento en los aportes jubilatorios, las cargas sociales y la cobertura médica, además del no pago de las indemnizaciones correspondientes.
Este caso refleja el complejo momento que atraviesa el sector a nivel nacional, donde la demanda de pan y productos de pastelería registra retracciones marcadas como consecuencia de la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores.







