El eclipse solar anular de este 17 de febrero marcó el inicio de un año cargado de fenómenos celestes, con su punto máximo de visibilidad desde la Antártida, donde se pudo apreciar con mayor claridad el impactante efecto conocido como “anillo de fuego”.
El evento ocurre cuando la Luna se interpone entre la Tierra y el Sol sin cubrirlo por completo debido a su distancia orbital, generando un halo luminoso alrededor del disco solar. La franja de anularidad, de unos 616 kilómetros de ancho, atravesó una región remota del este antártico, donde el satélite natural llegó a ocultar cerca del 96% del Sol.
Aunque la fase máxima tuvo una duración de poco más de dos minutos, el fenómeno inauguró un calendario astronómico 2026 que prevé lluvias de meteoros y alineaciones planetarias a lo largo del año.
Visibilidad en la región y recomendaciones
Fuera de la franja antártica, el eclipse se observó de manera parcial. En el sur de Argentina y Chile, especialmente en Tierra del Fuego y Punta Arenas, así como en sectores de África y en los océanos Atlántico e Índico, los observadores pudieron ver una porción del Sol cubierta por la Luna. En territorio argentino, la fase parcial comenzó a las 6:56 y se extendió hasta las 11:27.
Especialistas en astronomía reiteraron la importancia de adoptar medidas de seguridad para la observación. Mirar directamente al Sol, incluso durante un eclipse, puede provocar daños irreversibles en la retina. Se recomienda:
• Utilizar únicamente gafas para eclipse certificadas o filtros homologados en instrumentos ópticos.
* Emplear métodos de observación indirecta, como proyectores estenopeicos.
* Evitar radiografías, lentes de sol comunes o vidrios ahumados, ya que no bloquean la radiación infrarroja y ultravioleta dañina.







