Declaró el hombre que resultó absuelto por los asesinatos. En alegatos, la Fiscalía pidió 12 años de cárcel.
El juicio contra José Luis García Coronado (56), alias «Chato», acusado de ser partícipe necesario del delito de fabricación de estupefacientes en el departamento La Paz, ingresó en su etapa final. Ayer declararon tres testigos, hubo alegatos y el próximo miércoles el Tribunal Oral Federal (TOF) emitirá su veredicto.
La causa por narcotráfico se inició en la Justicia Federal en diciembre de 2010, luego de que Ángel Chámez (70) y su pareja, Hilaria Vallejos (76), fueran ejecutados en su casa de Icaño y en el lugar se hallaran precursores químicos y una «cocina» para preparar y estirar cocaína.
La Justicia Provincial investigó el Doble Crimen de Icaño y la Justicia Federal quedó a cargo de la causa por narcotráfico. Los homicidios fueron juzgados en agosto de 2012 y Mario Alberto Córdoba fue condenado a prisión perpetua, mientras que su primo, Lucas Isaías Córdoba -quien confesó haber estado en la escena del crimen-, fue absuelto.
Si bien desde un primer momento la pesquisa sostuvo que se trató de un ataque mafioso, la hipótesis no fue demostrada en el juicio por los homicidios. La causa narco avanzó, fue elevada a juicio y el viernes uno de los testigos que declaró fue, precisamente, Lucas Isaías.
U$S 600 mil
El Ministerio Público Fiscal, representado por María Correa, vinculó en sus alegatos el Doble Crimen de Icaño con el Triple Crimen de General Rodríguez, ocurrido en 2008 en Buenos Aires, y señaló que el móvil de ambos hechos fue el mismo: una venganza narco. Para la fiscal, el factor común en ambas causas es la Droguería Libertad S.A.
En Buenos Aires fueron secuestrados y asesinados Sebastián Forza, Leopoldo Bina y Damián Ferrón. Cuatro personas fueron condenadas a prisión perpetua. Al empresario Ibar Pérez Corradi la Justicia lo señaló como autor intelectual, pero luego fue apartado de la causa por falta de pruebas.
Presuntamente, los tres fueron asesinados porque habrían intentado desplazar al empresario del negocio de la venta de efedrina al por mayor para la fabricación de drogas sintéticas.
El móvil que habría motivado el crimen de Icaño sería el mismo: una venganza contra Elías «El Turco» Exeni Vallejos (64) -reconocido «cocinero» de droga en la región e hijo de Hilaria Vallejos-, quien purga una condena por narcotráfico en el marco de la causa «Narcogolf».
Para los investigadores, Exeni se habría quedado con aproximadamente 600 mil dólares y estupefacientes de proveedores colombianos. La respuesta habría sido el ataque mafioso en el que su madre fue ejecutada con un disparo en la cabeza y el hombre fue apuñalado. En las dos masacres se hallaron dos cocinas: una para la fabricación de drogas sintéticas, que puso en evidencia la existencia de una ruta de la efedrina y otra, en el caso de Icaño, para fabricar y estirar cocaína.
La Fiscalía sostuvo que García Coronado le compraba productos farmacéuticos a la droguería y que se inscribió en los organismos públicos de contralor para poder desarrollar como actividad la compra y venta mayorista de productos farmacéuticos. Parte de esos elementos fueron hallados en Icaño, donde eran utilizados para fabricar y/o adulterar cocaína.
Al finalizar sus alegatos, la Fiscalía pidió que «El Chato» sea condenado a 10 años de prisión como «partícipe necesario en la fabricación de estupefacientes agravada por la intervención de tres o más personas organizadas».
Fuentes judiciales explicaron que, al estar imputado como partícipe necesario, penalmente no se requiere su presencia en el lugar del hecho y advirtieron que el aporte que hizo al inscribirse en los organismos oficiales para quedar habilitado para la compra y venta de productos farmacéuticos fue esencial y necesario para la comisión del delito.
La condena es similar a la que recibieron en 2022 los hermanos sirios Barakat Barakat y Fadel Barakat, al ser juzgados en el TOF y declarados culpables de «fabricación de estupefacientes agravada por haber intervenido tres o más personas organizadas para cometer el delito, en concurso real con el almacenamiento de materias primas para la fabricación de estupefacientes, en calidad de coautores».
En ese primer debate no estuvo García Coronado, quien permaneció prófugo hasta 2023. No se requiere la presencia en el lugar del hecho, pero el aporte que él hizo al inscribirse en los organismos oficiales para quedar habilitado para la venta de productos farmacéuticos fue esencial y necesario para la comisión del delito.
El poder del «Chato»
Al presentar su alegato, la defensa de García Coronado pidió su absolución, al sostener que durante el juicio no se acreditó su participación ni su vinculación con los hechos. Remarcó también que cuando se efectuó el secuestro de los precursores en Icaño, el sospechoso se encontraba en Bolivia. Si bien admitió conocer a los hermanos Barakat, aseguró que perdió contacto con ellos en 2004. Esta aseveración fue cuestionada por la Fiscalía, que presentó un poder otorgado por García Coronado a favor de los hermanos sirios ante escribano público en 2005.
Precursores
En el expediente de la cocina narco de Icaño, los investigadores establecieron que, además de 290 gramos de cocaína, éter, acetona, ácido clorhídrico, ácido sulfúrico, amoníaco en solución y manitol de alta pureza, también se halló un recipiente que llevaba una etiqueta con la leyenda: «Lidocaína hidrocoloide B.P. 25 kgs. 25 kilos lidocaína clorhidrato B.P. 2004/EP5 LOTE N° 777 manf date: june 2006 expiry date: may 2011. Origen India».
En la tapa del recipiente estaban los datos del remitente: «Droguería Libertad S/D San Juan 955-Tucumán», y el nombre del destinatario: «García Coronado Lose L». Otras fuentes explicaron que la presentación en recipiente (también llamado cuñete por su forma de cilindro de cartón) de 25 kilos es para uso industrial o venta mayorista.
Los investigadores de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar) tomaron la causa en 2016 y rastrearon la trazabilidad de cada una de esas sustancias. La pesquisa los llevó a Salta. La lidocaína tenía el sello de la Droguería Libertad y había sido comprada por García Coronado, empresario de Salvador Mazza y socio de los hermanos Barakat.
Pero el hilo no terminaba en Salvador Mazza. La Droguería Libertad había importado el 37 % de la efedrina que, entre 2004 y 2008, fue a parar a manos de organizaciones narco vinculadas al Triple Crimen de General Rodríguez y la «ruta de la efedrina».







