Miércoles de Ceniza: comienza la Cuaresma y la Iglesia convoca a la conversión, el ayuno y la oración

Este 18 de febrero se celebra el Miércoles de Ceniza, jornada que marca el inicio de la Cuaresma, un período de 40 días en el que la Iglesia invita a los fieles a la conversión espiritual y a prepararse para vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo durante la Semana Santa.

El gesto de recibir la ceniza simboliza la fragilidad humana y la necesidad de la misericordia de Dios. No se trata de un rito exterior, sino de una expresión del corazón penitente que cada creyente está llamado a asumir en el camino cuaresmal.

Para esta celebración se queman los restos de las palmas y olivos bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior. Las cenizas son bendecidas y luego impuestas por el sacerdote con las palabras: «Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás» o «Conviértete y cree en el Evangelio».

Significado
La ceniza, como signo de humildad, recuerda al cristiano su origen y su destino: el ser humano fue formado del polvo de la tierra y a ella volverá, en un llamado permanente a la reflexión y a la vida espiritual.

Ayuno y abstinencia
En esta jornada la Iglesia establece el ayuno y la abstinencia como prácticas obligatorias para los católicos, al igual que el Viernes Santo. El ayuno consiste en realizar una sola comida principal al día, mientras que la abstinencia implica no consumir carne o renunciar a algo significativo como gesto de sacrificio.

Estas prácticas, junto con la oración y la caridad, forman parte de la tradición cuaresmal y expresan el compromiso de vivir una conversión interior y una vida más coherente con los valores del Evangelio.

Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2026
En su mensaje titulado “Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión”, el Papa invitó a los fieles a colocar a Dios en el centro de la vida cotidiana y a redescubrir la importancia de la escucha de la Palabra como punto de partida de todo proceso espiritual.

El Pontífice destacó que la disposición a escuchar es el primer paso para entrar en relación con Dios y con el prójimo, y remarcó que el ayuno no solo implica abstenerse de alimentos, sino también ordenar los deseos, practicar la sobriedad y cultivar la justicia y la solidaridad.

Asimismo, llamó a vivir una abstinencia concreta en la vida diaria: evitar las palabras que hieren, renunciar a la crítica destructiva y promover un lenguaje que construya esperanza y paz en la familia, el trabajo, la sociedad y los medios de comunicación.

Finalmente, subrayó la dimensión comunitaria de la Cuaresma, animando a parroquias, familias y comunidades a recorrer juntos este camino espiritual, fortaleciendo la escucha, el arrepentimiento y el compromiso con quienes más sufren.

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