El paso de Fernando Cerimedo por el centro de la escena política vuelve a exponer los sótanos más oscuros del ecosistema libertario. El consultor digital, histórico estratega y exasesor de Javier Milei.
, fue imputado por presunto enriquecimiento ilícito ante la Justicia de Bolivia, tras confesar cínicamente en una declaración judicial que percibe ingresos cercanos al millón de dólares mensuales. Lejos de ser un consultor independiente, su figura encarna la síntesis perfecta del entramado de negocios turbios, operaciones sucias en redes sociales y la matriz de violencia antidemocrática que caracteriza a la élite gobernante.
Millones oscuros y negocios con el Estado
La declaración ante los tribunales bolivianos dejó al descubierto una fortuna desmedida que choca de frente con la crisis que sufre la ciudadanía argentina. Con un caudal de dinero que roza los siete ceros al mes a través de un conglomerado de empresas de marketing digital, Cerimedo supo tejer redes de impunidad que incluyeron jugosos contratos y favores políticos.
Mientras el Gobierno nacional ajusta a jubilados y trabajadores bajo el falso lema de la austeridad, personajes vinculados al círculo rojo libertario —como el propio Cerimedo, a quien Luis Caputo le otorgó un negocio millonario en la Hidrovía— se beneficiaban con contratos estatales a medida.
En su intento por esquivar la investigación por enriquecimiento ilícito en el país vecino, el consultor se escudó en un rosario de evasivas, negándose a responder más de 200 preguntas clave y dejando en evidencia la opacidad de sus operaciones transnacionales.
Violencia, trolls y desprecio por la democracia
La caída judicial de Cerimedo en Bolivia —donde además pesa sobre él una causa con prisión preventiva por el intento de femicidio de su expareja Nadia Beller— no hace más que confirmar el perfil autoritario de quienes dictan el manual de comunicación de la Casa Rosada.
La especialidad de la casa siempre fue el apriete virtual. Desde sus usinas de marketing y redes sociales, el operador construyó una estructura dedicada sistemáticamente a perseguir, descalificar y amedrentar a opositores, periodistas y disidencias, utilizando métodos de amedrentamiento típicos de los sótonos oscuros de la política.
El accionar de Cerimedo sintetiza el desprecio absoluto por las instituciones republicanas. Su modus operandi demostró que el relato del «cambio» no es más que una fachada para garantizar impunidad, negocios para un núcleo selecto y una violencia sistemática destinada a callar cualquier voz disidente.
La cercanía inicial con el oficialismo y el posterior intento de distanciamiento formal por parte de la administración de Javier Milei.
no borran los años de complicidad. El escándalo internacional desnudó, sin filtros, la verdadera cara de una gestión construida a base de privilegios para los amigos del poder y persecución para el resto de los argentinos.







