El consumo minorista no logra despegar y concluyó el tercer trimestre del año consolidando una marcada tendencia a la baja. Durante el mes de septiembre se registró una caída mensual desestacionalizada del 1,2%, lo que representa la cuarta contracción consecutiva en las ventas. Esta dinámica estuvo precedida por descensos del 2,1% en julio y del 2,7% en agosto, dejando el promedio del tercer trimestre un 5,9% por debajo de los niveles alcanzados en el período anterior, a pesar de haber mostrado una leve mejora interanual del 0,3% en el último mes.
La persistente contracción responde en gran medida al deterioro en la capacidad de compra de las familias y a los límites en el endeudamiento con tarjetas de crédito. Los salarios acumulados registran una pérdida en términos reales en lo que va del año, mientras que el ingreso disponible —aquel que resta tras el pago de los servicios básicos y tarifas— sufrió un marcado desplome en comparación con los promedios de años anteriores. Ante este panorama, la demanda se mantiene fragmentada y orientada casi exclusivamente a reposiciones esenciales y compras cotidianas de bajo valor, postergando gastos de mayor envergadura y frenando la posibilidad de consolidar una recuperación económica sostenida.







